10.10.06

Cuando los viajes y su memoria se proyectan al presente

Hoy tengo uno de esos extraños momentos de intimidad que raramente se prodigan. Es muy temprano y no llevo a la enanilla al colegio porque se está recuperando de una gastroenteritis y de un catarro que se ha abrazado a su garganta hasta cambiarle la voz.
Estoy sola, por así decirlo. Cómoda, desayunando, y cediendo a la tentación de releer, distraída, este blog que tengo tan abandonado.

Sorpresa y de las grandes. No suelo releer los comentarios de las primeras entradas, suponiendo que siguen siendo aquellos que ya contesté en su momento, pero hoy lo estoy leyendo todo. Y sí, esos comentarios han crecido, y aquellos que los han escrito deben pensar, a estas alturas, que el blog está abandonado, cielos...
Siento que algunas entradas fueron semillas y hoy estoy viendo los brotes de un hermoso árbol.
Me refiero, especialmente, a lo que empecé y nunca acabé (je, qué raro en mí...) sobre los viajes de Indonesia.

Durante bastante tiempo tras el regreso a España en el año 84, seguí manteniendo contacto con algunos de los amigos y amigas que conocí allí, y me he encontrado por las calles de Madrid con gente que tiene una memoria fotográfica prodigiosa, jajaja, si contamos que el tiempo pasa para todos. Por supuesto, a través de mis padres he ido sabiendo algo de las vidas de sus amigos también. Y luego están esas situaciones "pañuelo" en las que me he reencontrado, puro azar, con gente que estuvo allí y el encuentro actual era por motivos profesionales. Hasta me ha pasado salir una noche a tomar algo y que una chavala alta y simpática me parara en la acera para decirme mi nombre y hasta apellidos.
Un - ¿no te acuerdas de mí?, claro, yo entonces era "de los pequeños", ¿qué tal están tus hermanos?
Increíble. Habían pasado casi doce años...
Volví a ver a Santi en la cafetería de la Politécnica de Madrid, una conversación corta pero jugosa. Seguían siendo unos aventureros, cómo no. Y supe que Santi y Emma habían tenido a una preciosa pequeña que hoy ya será una preciosa adolescente. Supe de los programas de aprendizaje que programaba y desarrollaba Santi para educadores a distancia, de viajes a China y documentales...me encantaría verles de nuevo hoy, desde esta otra perspectiva que da el tiempo.
Sí, rememorar...y hacer de aquellos viajes otro viaje nuevo.

Ojalá y mi memoria no fuera un gran queso Gruller. Puedo ver mentalmente mi defragmentador mental intentando recolocar pequeños cuadraditos de color verde oscuro en espacios en blanco con una cierta coherencia...y gruñendo con el esfuerzo, claro...

Ahora toca seguir esa narración a la que apenas llegué a una tercera parte, necesito un poco de tiempo y resituarme de nuevo en ese estado emocional de semitrance que puede lograr rescatar caras y sonidos, momentos, recuerdos que no quiero hacer bola de nieve desordenada, sino copos, muchos copos individuales y claros.

Os recuerdo a muchos, a veces un tanto borrosos, a veces con una claridad sorprendente.

Alicia y Laura, recuerdo a una chica de pelo trigueño y larga trenza a la espalda, callada y de grandes ojos, sentada a la puerta de su casa, ya en el jardín de grama aquel que había en todas las entradas. Y a su hermana de pelo más corto, también silenciosa, con una sonrisa muy hermosa. Recuerdo que ya éramos muchos cuando llegásteis, que no coincidimos mucho tiempo, sí el suficiente para charlar y hasta para entrar a la selva juntas. Yo no había ido al instituto porque llevaba allí ya un año y pico y de hecho nunca iría a ningún instituto a la vuelta a España. Vosotras representábais para mí, en aquel momento, un mundo que desconocía, como si hubiera vivido y siguiera viviendo en una burbuja). Recuerdo a todos los que participamos en Eloisa está debajo de un almendro. Mis papeles fueron pequeños, hice dos, fui Práxedes con su bandeja y su cofia y su hablar rapidísimo, y fui uno de los chulapos del cine (aquel bigotillo que me pinté con lápiz de ojos y que el sudor de los nervios desvaía hacia una de las comisuras, inmisericorde...). Y también recuerdo vagamente el accidente de vuestro padre, creo que fue una caída tremenda??? Celebro que habléis de él en presente!!

Soy Susana. Nosotros, creo que ya lo he contado por algún lado, somos tres hermanos, la pequeña se llama Paloma, el mediano (allí disfrutó como un enano) se llama Miguel Angel.

Fran, Juan, recuerdo los partidos de rugbi en la plaza, jajaja, en aquel septiembre de retorno en que vosotros ya estabais allí y de pronto éramos tantos, tantísimos, se habían terminado casi de urbanizar nuevas zonas que no conocía. Realmente aquello fue enorme. Y hasta creo que recuerdo a Mila!!!
Siento el fallecimiento de vuestro padre.
También nosotros hemos perdido al nuestro. De hecho, fue la enormidad de Indonesia y sus preocupaciones lo que supuso para él el principio de un desgaste físico tal que le llevó a pasar varias veces por el hospital desde entonces. Su corazón luchador, pero humano, ya dio saltos y sustos en Dumai.

Carmiña, jajaja, recuerdo haberme enfundado en aquellas telas taaaan largas para dar clases de baile indonesio, el temblor de rodillas, el tremendo cansancio de las piernas, la postura de los brazos, ese pasear en diagonal una y otra vez de esquina a esquina en aquel salón?, flexionada, sonriendo, temblando...fuiste una valiente!!



Tengo algunas fotos, intentaré escanearlas, os animo a seguir en este blog, hagamos este viaje de la memoria juntos...

De todas formas me podéis encontrar en
minna@gmail.com

Apunto vuestras direcciones de correo, os escribiré, seguro.

Y perdonad el retraso al contestaros, habéis sido una muy grata sorpresa, gracias por ello...

13.7.06

Asturcón 2006. La primera cena.

Sí, somos muchos, muchísimos, toda un ala del restaurante para nosotros solos...y Marina tiene hasta pista de baile para ella sola, bueno, para ella y para los pobres camareros que la sorteaban, agasajaban y se quedaban charlando en el camino ¡mientras ella coqueteaba descaradamente!

Haré un paréntesis en el relato...¡qué diferente está resultando ser la Asturcón a medida que Marina crece. La primera vez era muy fácil desplazarse con ella, al fin y al cabo tenía un año recién cumplido y dormía como un tronco cada vez que salíamos a pasear o cenar por la noche. Ya el año pasado pedía su espacio para corretear y hasta bailaba en mesas vacías del chiringuito enamorando a diestro y siniestro...todavía puedo ver la cara extasiada de Alejo o la sonrisa cómplice de Nim en esos momentos mientras Marina lucía su camiseta de Slipknot y sus primeros vaqueros de la talla tres...jajaja...
Este año Marina ha sido un terremoto. La pobrecilla venía un poco pachuchilla por haberse puesto morada de helados y haberse bañado durante horas en la piscina justo cuando empezó a cambiar el tiempo y uno no sabe a que dios del aire acondicionado encomendarse...pero creo que quitando un par de malos ratos en que se le ha unido el hambre al sueño, ha disfrutado y hecho disfrutar. Y su padre ya se conoce hasta el menor rincón del parque Isabel la Católica, claro...

En fin, volviendo a la cena, ¿cómo describir ese sonido de fondo en el que se mezclan risas, saludos, reconocimiento, nuevas presentaciones, charlas que continúan el camino, promesas de otras charlas...? Porque no es un zunbido sordo y ajeno, reconoces algunas voces, muchas carcajadas, y la gente se sienta y se levanta y camina y abraza y vuelve a sentarse, y las mesas se diluyen en un escenario en que todos estamos en todas partes a la vez....mientras la entrada sigue llenándose de nuevos asturconeros dispuestos a cenar por todo lo alto.

Y esto, que parece sólo el principio, es un esquema que se repite a lo largo de la noche, somos tantos...y ha pasado todo un año...los recuerdos afluyen como flashes o fotogramas, la gran sonrisa y el abrazo de Elia, guapísima y cariñosa, la llegada de Mahalma, otro abrazo inolvidable, las charlas sonoras de risa y exclamaciones multiplicadas a lo largo de la mesa, Vork feliz atendiendo ambos extremos de la mesa, Shere poniendo sobre el mantel muchos meses dublineses, Miguel brillando y asintiendo, Manu imparable, Alaia dejando que el momento la empapara mientras rescataba a algún camarero de las artes de su sobrina, Bob delirante, en su salsa, hablando poco, pero...
Y Pau, y Berrinche, y Germán, y Rudy, y allá a lo lejos que ya se acerca, Fuente, y tras nosotros la mesa de tinta, mires donde mires, hay amigos.
Indescriptible, por mucho que lo intente.
Y genial.

Tras mucho, mucho tiempo, nos dirijimos hacia el centro de Gijón de nuevo, en una gran nube, en pequeñas nubes dispersas, en largas líneas de parejas, todos gesticulando, sonrientes, escuchando, contando, prolongando el día tanto como podemos...y se desvelan los misterios del muro, del parchís, de callecitas con librero de viejo, y finalmente los jardines de Begoña...

Mientras Bob y miniyó duermen me asomo a la ventana. Puedo ver el coche de Skala y a Skala mismo todavía un rato.
Me vuelvo, tengo ganas de escribir, el día ha sido muy intenso...
Al volver a asomarme, ya no queda nadie en la calle.
Y no tengo nada con lo que escribir. Ni papel.

Las camas del hotel son gloriosas. Eso, o estoy verdaderamente cansada...
Me prometo a mí misma conseguir algo para escribir todo lo que me bulle en la cabeza...

Buenas noches...

Asturcón 2006. Reencuentros.


Es cierto que podíamos haber tomado el autobús, la línea 1 para justo delante del hotel tal y como nos contó Berrinche y confirmó Pau (Blackonion), dos de los primeros asturconianos que encontramos al llegar (¡y qué alegría verles de nuevo!), pero ya sabéis...el mar...

Entramos al parque Isabel la Católica por la Avenida del Molinón, por detrás de todo el barullo y sonido que expelía la feria. Y fue entonces cuando realmente comenzamos a sentir el deja bu. Puestos de libros en casetas de blanca tela y allá al final de la calle la carpa del reencuentro. Por el camino, Juan, de Estudio en Escarlata. Un abrazo grande y muchas risas. Y Rudy, que viene de camino y nos encuentra de charla, nos da la bienvenida, estamos felices y sonrosados por el aire marino. Marina se rebela contra la silla de paseo, no aguanta más.

Así que avanzamos. Es un baño de masas tan agradable que deberíamos disfrutarlo más de una vez al año, caramba. Hay ya mucha gente reunida en torno a la mesa número seis de chiringuito.

Me bifurco, lo noto, una vez más. No puedo dejar de observar y sonreir, hay tantas caras queridas cerca...
Mi pequeña coquetea, se interna por el mar de piernas, intenta escapar de nuestra continua atención y explorar un poco por su cuenta. Ramón ya se ha sentado, está muy cansado, sonríe un poco desvaído.
Y yo me dedico al noble arte del saludo cariñoso. Un año entero sin veros, demasiado...
Los organizadores del evento que están aquí están por fin sentados, muy poco tiempo, cada dos por tres se levantan a saludar a algún recien llegado. Se les ve cansados y satisfechos...en menos de media hora saldremos en enjambre hacia el restaurante donde cenaremos todos y más que todos....desconozco la cifra completa de los asistentes a la primera cena asturconiana, pero calculo unos ochenta y pico...
Sí, sí, éramos unos cuantos, jajaja...

12.7.06

Asturcón 2006. Camino.


Podría contaros que este viaje comienza hace un año, una vez más...lo cierto es que este invierno ha sido tremendo y esta pequeña familia no lo ha pasado demasiado bien, así que este viaje ha sido muy, muy deseado, muy esperado, muy ansiado. Y aún con todo preparado, el mismo viernes siete de julio no sabíamos si podríamos ir. Y no dijimos nada. A nadie. Porque a lo mejor...sí, a veces los milagros suceden.
Marina, tras tres días de fiebre, se despertó como una rosa y tan solo con un poco de irritación en la garganta.

Y es en ese preciso momento, a las nueve y pico de la mañana, cuando nos lanzamos a la carretera.
Y la Asturcón 2006 podría haber empezado para nosotros exactamente entonces.

El mundo ha cambiado. Podemos percibir una nueva velocidad, ...llegamos a Benavente con El Rey león, patatas fritas, agua y dos canciones: la abeja Maya y Cumpleaños Feliz.
Marina canta con nosotros.
No superamos los 120km/h en ningún momento. Y el paisaje es enorme.

En Benavente encontramos un lugar vacío. Completamente vacío. Para nosotros solos, y es como si el mundo fuera un reflejo. Probablemente sea el último instante en que no estemos rodeados de gente, estupenda y maravillosa gente, en tres días.
Comemos allí con nueva y esperada compañía. Y el reflejo se rompe. Hay risas, reencuentros, regalos, noticias, sonido, persecuciones, gateos...sólo nos quedan un par de horas para llegar a Gijón.
Con "el manual del viajero" por nuestro Skalagrim, en la mano impreso, seguiremos la ruta fijada. Y llegaremos casi a la vez que el tren de la Semana negra...

Al emprender camino de nuevo, una cuerda invisible une los dos coches en los que vamos Miguel, Loki, María, Bob, Marina y yo. Yo adelanto, tú adelantas, yo reposo tú reposas...y llegamos a Caldas de Luna.

Ahí. Exactamente ahí es cuando siento en la piel que comienza realmente la Asturcón de este año, la tercera de nuestra vida. Es un lugar mágico, hoy soleado aunque bailado por unas cuantas nubes perezosas y blancas. Tengo que hacer un esfuerzo para no apartar continuamente los ojos de la carretera, que por otra parte, exige atención constante. Una parte de mí, no obstante, se eleva por encima del coche y observa. Hay fuerza contenida en este paisaje...contenida y desparramada a un tiempo. Podría quedarme un rato y alcanzar de nuevo mi cuerpo antes del próximo túnel...

Llegamos. Pasamos de tres carriles a dos, de dos a uno. Y paramos. Ese minuto que hace falta para refrenar el pie del acelerador henchido de querencias al reconocer los caminos que le esperan. Ya estamos en Gijón...y acudimos una vez más a las anotaciones de maese Skalagrim y sus nunca suficientemente bien ponderadas ni agradecidas observaciones.
En esta ocasión no se trata del Hotel Trip, así que todo es nuevo para nosotros, atravesamos parte de Gijón, callejeamos, descubrimos nuevos rincones, otras texturas, otros espacios. Y llegamos a ese cogollo que es la zona de Begoña, parque, calle, hoteles.
Estamos un poco cansados y muy, muy excitados, queremos asomarnos al mar, drle esa visión y ese olor a Marina.
Y pasa un rato agradable de reconocimiento del hotel y nuestra habitación llena de detalles. Marina juega a probar todas las camas, descubrir las sombras tras las cortinas, asomarse a las galerías, reflejarse en el gran espejo, soplar la espuma de su merecido baño y dejarse perseguir para vestirse de nuevo y pasear camino del recinto de la Semana Negra.

Por fin en la calle de nuevo, llegamos al paseo marítimo a la altura del Náutico...Os diré...sin mapas, dejándonos guiar por la corriente visible de un chaval armado con una tabla de windsurf, una chavala playera y dorada, y una especie de calor húmedo de sal...Al preguntar un par de veces, nos hablan del muro, del parchís, hasta allá, seguid recto, vais bien...y es un juego del tesoro...No quiero olvidar el decir que Gijón está vivo, sus calles están vivas, hay gente paseando, charlando agradablemente en bancos de sombra bajo magnolios mientras se refrescan con helados, niños jugando en las plazas, quinceañeras arregladas y coquetas desenrollando la vida a cada paso y enrollando en sus sonrisas luminosas a sus amigos desgarbados de ojos negros. Da gusto caminar por Gijón a las ocho de la tarde. Una brisa suave sacude las mangas de esa chaquetilla que llevas en la mano...Y el sol va cayendo tan despacio que apenas percibes el cambio de luz.

Qué deciros de ese momento en que llegamos, parecía sacado de un cuento: había elefantes y payasos, y hasta un mimo de princesa celeste esperando.

Y el mar. Con su ritmo tranquilo y su canto de sirena...
Marina enloquece de alegría y lo quiere ver todo, lo quiere tocar todo, parar en cada escalera, absorver cada olor, comer cada helado. Caminamos sin prisa y sin pausa hacia el otro extremo de la playa de San Lorenzo. Podemos adivinar las grandes letras de "Semana Negra" allá al fondo.

Y caminamos, caminamos...

18.5.06

3

Te estás durmiendo y tu mano descansa, distraída, en mi brazo. Y me acaricia. Como siempre ha hecho. Desde el primer día de tu vida, hace ya tres años.

Y sigues luchando contra el sueño, sigues riendo al despertar, sigues buscándome los ojos, sigues escondiendo la nariz fría en mi cuello, sigues...

Esta noche has hecho un hueco con el calor de tu cuerpecillo entre nosotros, y tu sonrisa delataba sueños de algodón...

Abres los ojos y el mundo está lleno de globos de colores que navegan silenciosos por encima de ti, y cerca de la huella que tu padre ha dejado en la cama hay una bandeja con sorpresas deliciosas que parecen bailar entre el azúcar y la sal, son estrellas, caballos de mar, fantasmillas, alguna brujilla y varios gatos. En el centro del plato hay una estrella con tres palotes y una vela.

Si tu mirada fuera sonora...

Ríes.

Cumpleaños feliz, cariño, cumpleaños feliz!!!!

El baño te espera con espumas de color naranja y azul, blanco y verde y te sumerges con ese cuerpecillo esbelto que tanto quiere crecer de golpe, me salpicas, nos reímos, jugamos a hacer nubes al soplar y me dices ¡pupla1 y yo puplo y puplo...

Y cantamos, y nos contamos cuentos y ponemos tres dedos en cada mano y contamos tres esponjas, tres barcos, tres años!!!

Sí, cumpleaños feliz, mi amor, cumpleaños feliz!!!

2.4.06

38

No, no conozco Ganímedes.
Y sí, disfruto actualmente de un perpetuo deja vu.

Curioso. Este viaje dura una vida y tiene, sin embargo, unos cuantos cuerpos.

Fui sirena en un islote del Pacífico. Los cangrejos eran púas asesinas que se enterraban en la más fina arena jamás hollada. Y el gran azul esperaba atento y silencioso a que le echara un vistazo.

Fui vagabunda de las tizas de colores, extendida toda por las aceras del Prado bien cerca de los autobuses de japoneses, repletos a reventar de miradas en otro idioma codificado.

Fui acólita de las más hermosas letras que un hombre ha escrito, y en ellas dormí mis sueños, mecidos entre pechos aún prepúberes.

Fui una ventana detenida a diez mil metros del suelo, entre el día y la noche, saboreando estrellas y oscuridades sobre un mundo a punto de amanecer. Y me dio vértigo saber que descendería y sería abierta de par en par por los nuevos sonidos de la mañana.

Fui humana y pensé que hacía muchos amigos. En una orgía de puro vampirismo emocional me rebocé durante años. Los neones dejaron de brillar con el tiempo, pero yo los ví cuando aún existían y decidieron quedarse en mi memoria...

Fui siemprenovia y fui querida en tinta y carne. La ruta más agridulce de la vida que te hace dar rodeos y giros a volapie sin saber muy bien dónde está el suelo...

Me rompí unas cuantas veces. Y unas cuantas veces volví a recomponerme con algo de arcilla nueva y esquirlas afiladas de tenaz remembranza. Lo pierdes todo y sin embargo, cojeando, puedes pelear.

Y lo hallé , lo dí y lo recibí todo. Regalé mis entrañas a un futurible y se convirtió en presente dividido en tres. No soy grande, ni soy muy diferente, sólo lo justo para ser yo.

Y ya han pasado 38 años de viaje. En varios cuerpos y trillones de líneas de tinta...

28.2.06


Primer acabado y parada en el camino...cuando el ojo ya no te tenga guardado en su memoria, volver� a ti...

25.2.06


El viaje de la pintura, a medio camino a�n, que tanto enriquece y tanto desnuda...

Miniatura...

Parafraseando a Asimov, diré que en el mundo real mis dedos han hallado una nueva manera de expresarse a través del modelado y mis ojos se vuelcan en ricas mezclas de acrílicos que envuelven y hasta transforman el gris en una sinfonía de imposibilidades aplicadas por un pincel doble cero...
En el mundo irreal, mi familia lleva tres meses excluida del suave avance de la vida llamada normal, hemos estado de urgencias, nuestra pequeña ha superado un par de trances desagradables y nosotros mismos nos hemos deshecho en toses y dolores varios que al fin han quedado atrás como una vía muerta y clausurada.

En este mundo real a través del que me gusta pasear ahora la vena creativa, he descubierto un mundo a medio conquistar con muchas banderas ya clavadas en altas lomas y muchas lomas por alcanzar. Es difícil explicar la sensación que te embarga ante un trabajo bien hecho de tan solo cinco o seis centímetros de altura, en el que puedes volcar entregado la pasión de un ser vivo al que admiras y al que homenajeas. Y pensar que empezaste con un cierto atisbo de timidez, de aquella manera desvaída en la que te aventuras con la mochila cargada de "quizás", "¿seré capaz?, ¿realmente podré hacerlo????"...

Un día miré a Richard Harris de esa manera en que la retina se convierte en cámara fotográfica, en su papel de Marco Aurelio, y me dije, quiero esa cabeza de blanca cana y quiero esa mirada triste que observa la última batalla que se desarrollará ante él. Quiero esa inclinación suave del cuello, reposada la figura entera en su caballo, cansado, anciano, sabio, un tanto descreído. Quiero esa ceja alzada y esa frente fruncida.Y quiero esa sombra que viste la piel de tonos azules y suave terciopelo levemente mecido por el aire de la madrugada en Germanía...

Y un mes y medio después tengo mi pequeño busto bajo los pinceles.

Nunca digas "no podré". Los "quizás" se pueden reventar a golpe de paciencia, con arietes de disciplina y estallidos de pasión...

Este viaje por el real mundo de un poco de materia, un palillo y un pincel, ha sido un trayecto sublime que alimenta los fogones de la estima...espero que lo disfrutéis tanto como yo, amigos míos...

Hola de nuevo...